Historia del Camino Portugués
El origen del Camino Portugués, al igual que otras rutas del Camino de Santiago, se remonta al hallazgo de los restos del Apóstol Santiago el Mayor, en el año 813. Si bien durante la alta Edad Media otras rutas, como el Camino Francés, vivieron su momento de esplendor, el Camino Portugués tuvo un inicio más titubeante.
Tras el descubrimiento de los restos por el obispo Teodomiro, de la diócesis de Iria Flavia. El rey Alfonso II ordenó construir una iglesia en el sitio donde se hizo el descubrimiento, lugar en el que hoy se erige la Catedral de Santiago de Compostela.
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Desde ese momento, numerosos cristianos de Europa y Portugal iniciaron su peregrinación a Santiago de Compostela. Si bien el Camino Portugués no fue el camino más transitado en aquella época, desde el siglo X algunos de los feligreses más devotos iniciaron su andadura por los caminos lusos para alcanzar tierras gallegas.
Al igual que en otras rutas del Camino de Santiago, el trazado del Camino Portugués se conformó a partir de antiguas vías y caminos que habían sido heredados de la época románica. Un ejemplo es la vía XIX, creada en el siglo I d.C. para unir Braga y Astorga, y conocida como Itinerario de Antonio.
Origen del Camino Portugués
Esta ruta comenzó a tener importancia en el siglo XII. Tal y como siempre recordamos, las diferentes rutas del Camino de Santiago no son solo rutas de peregrinación. Son, además, importantes rutas comerciales que conectan puntos de especial vitalidad para el comercio y la producción medieval.
Así, también sirvieron para establecer intercambios culturales entre Portugal y Galicia tras la independencia.
El rey Don Manuel I de Portugal fue uno de los que hizo este Camino Portugués desde Lisboa. En concreto, lo hizo a principios del siglo XVI.
Otros personajes históricos también se le sumaron posteriormente y contribuyeron a hacer de esta ruta una de las más importantes para comprender la propia historia de Europa. Una ruta que, por su encanto, su gastronomía y los puntos de interés que posee no puedes perderte.
La consolidación del Camino Portugués
La importancia de Camino Portugués se hace latente a partir del siglo XII, tras la independencia de Portugal encabezada por el Rey Alfonso I. Desde ese momento, se establece un denso flujo de personas hacia la ciudad compostelana, sin que se viese afectado por las reformas y contrarreformas que atravesó el país.
Durante el siglo XII y XIII, los peregrinos que atravesaban las tierras lusas hacia el norte de la península ibérica lo hacían por motivos variados, más allá de los religiosos. La proximidad geográfica entre dos territorios vecinos que pertenecían a países diferentes, uno de ellos recientemente independizado, generó vínculos económicos y culturales que alimentaron la ruta.
Fue en el siglo XIII, que Afonso II (1186-1223), rey de Portugal, completó este recorrido histórico hasta Santiago de Compostela. El monarca era conocido como “El Gordo” debido a una enfermedad que padecía.
La peregrinación de la Reina Isabel de Portugal en el siglo XIV es el hito que acaba de consolidar la tradición jacobea en el país luso. Esta visita y las peregrinaciones de otros numerosos personajes de la nobleza, reyes y clérigos son las que permiten, en la actualidad, contar con numerosos reportes documentados de la historia del Camino Portugués.
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La peregrinación de Santa Isabel de Portugal
En el año 1325, Santa Isabel de Portugal, esposa del rey Don Dinís, inicia su primera andadura a Santiago. Cuenta la historia, que se alojó en la rúa a Raíña, en Lisboa, en un simple y popular hospital de peregrinos. A su llegada a Compostela, la Reina ofreció ante el altar del Apóstol Santiago el Mayor, su corona de emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico.
Una década después, la Reina Isabel de Portugal repite experiencia e inicia una segunda peregrinación a tierras gallegas. En esta ocasión, a su llegada a Santiago de Compostela se aloja en un modesto hospedaje del casco antiguo de la ciudad. En la actualidad, la calle donde se ubicaba dicho hospedaje, lleva su nombre.
La Reina Isabel pasó a la historia siendo conocida como la “Reina Santa”. Sus restos se hallan en Coimbra junto a un bordón de peregrino, tal y como ella dejó escrito antes de su muerte.
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Otros ilustres personajes del Camino Portugués
Otro ilustre personaje que recorrió tierras lusas para alcanzar el corazón de Galicia y que evidencia el fuerte compromiso del país con el Camino de Santiago, fue el Rey Don Manuel I de Portugal, conocido como “El Afortunado”.
El monarca inicia su peregrinación desde Lisboa en el año 1502. Fue este afortunado rey quien ordenó instalar una lámpara en la Catedral de Santiago que alumbrase día y noche.
A lo largo del siglo XVI, otras personalidades relevantes también se motivaron a emprender la ruta hasta la tumba del Apóstol. Entre ellos, los Padres Jesuitas, en el año 1543, que partieron desde Coimbra, o el pintor y arquitecto portugués Francisco de Holanda, en 1549.
En este siglo, el Camino Portugués acogió una de las visitas que más aportaría a la documentación de la ruta del Camino de Santiago por tierras lusas, la peregrinación de Juan Bautista Confalonieri.
Este sacerdote italiano recorrió la ruta desde Lisboa a Santiago a caballo, en el año 1594. Sus relatos sobre el recorrido han sido uno de los más destacados a la hora de documentar y elaborar guías sobre el Camino Portugués. En la actualidad, su texto se conserva en la biblioteca del Vaticano.
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El siglo XVII vio cruzar por la calzada lusa a otros relevantes clérigos, como el obispo de Tui en 1604. La visita de Ponte de Lima en el año 1610, constituye el testimonio de la presencia de la nobleza en el Camino Portugués durante este siglo.
Los relatos recogidos a través de las peregrinaciones de monarcas, clérigos, nobles, así como otras figuras relevantes de la sociedad de la época, constituyen la prueba de la larga tradición que tiene el Camino Portugués. Como prueba viva de su importancia, se conservan las numerosas ermitas en el norte de Portugal que rinden honor al Apóstol Santiago el Mayor.
Así mismo, se preservan las numerosas tallas, escudos y símbolos que salpican el territorio luso en su camino a tierras a gallegas, siendo su punto más significativo Coimbra.
La aparición de la Virgen de Fátima y su impacto sobre el Camino de Santiago
La aparición de la Virgen de Fátima a tres pastores en el siglo XX tuvo un importante impacto sobre la importancia que se le daba en Portugal al Camino de Santiago.
Tras la aparición de la Virgen, se construye el santuario en su homenaje. El protagonismo que adquirió el Santuario de la Virgen de Fátima en el país luso fue en detrimento de la tradición de caminar hasta Santiago de Compostela. No obstante, el flujo hacia Santiago de feligreses portugueses nunca cesó.
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En la actualidad, y tras el auge experimentado por el Camino de Santiago a partir del siglo XX, con la declaración del Camino Francés como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el Camino Portugués ha vivido un segundo momento de esplendor. Situándose en la actualidad como la segunda ruta del Camino de Santiago más transitada.
La ruta ha ganado en reconocimiento internacional. Hoy, es frecuentada por peregrinos tanto portugueses como romeros que viajan desde diferentes puntos del mundo para recorrerla.
La leyenda del gallo de Barcelos
La tradición del Camino Portugués como ruta hacia Santiago de Compostela no se recoge solamente a través de relatos de ilustres y de expresiones arquitectónicas o de ornamentación. Las leyendas y tradiciones asociadas a esta ruta también dan fe de su importancia en el desarrollo de la cultura jacobea.
Un episodio popularmente conocido, es el caso del Milagro del gallo de Barcelos. La leyenda transcurre en Barcelos, localidad del norte de Portugal. Aunque en el Camino Francés, Santo Domingo de la Calzada, es el escenario de la misma leyenda.
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Según explican los testimonios populares, un peregrino gallego emprendió el Camino de Santiago desde Barcelos, localidad perteneciente al distrito de Braga. Allí fue acusado de robar el dinero de un terrateniente y condenado a la horca.
Antes de ser ahorcado, el peregrino pidió como última voluntad, ser llevado ante el juez. A la llegada del peregrino frente al juez, éste estaba comiéndose un pollo (o gallo) asado. El romero gallego le dijo al juez que era inocente y que como prueba de ello, el gallo que se estaba comiendo, se levantaría y cantaría.
El juez hizo caso omiso a las palabras del peregrino y echó el plato a un lado. Sin embargo, en el preciso momento que el acusado de robo estaba siendo ahorcado, el juez vio al gallo de su plato, levantarse y cantar.
Asombrado y consciente de su error, el juez corrió a la horca para tratar de enmendar la situación. Cuando éste llegó a la horca, descubrió que el peregrino seguía vivo gracias a un nudo mal hecho.
Cuenta la leyenda que años después de haberse salvado de la horca, el peregrino gallego regresó a Barcelos para escupir al crucero del Señor del Gallo, que en la actualidad se conserva en el museo arqueológico.
Esta leyenda ha dotado al país de una de sus simbologías más populares, el gallo de Barcelos. Este símbolo es representado en piezas de cerámicas de vivos colores en forma de gallo.