La peregrinación a Santiago de Compostela se inició, cuenta la Historia, hacia el año 821, año en el que se encontró el sepulcro del Apóstol. Era Carlomagno, en su afán por proteger sus tierras de las posibles conquistas árabes, quien concedía permisos a los peregrinos para transitar el auténtico Camino de Santiago, el Camino que transitaban aquellos que movidos por el fervor religioso llegarían al Campus Stellae. Y poco a poco Compostela se fue convirtiendo en un centro de peregrinaje conocido en toda Europa.

La ruta jacobea se consolida definitivamente entre los siglos X y XII como pregrenación de la devoción, siendo una de las tres peregrinaciones cristianas más importantes, junto a Roma y Jerusalén; tanto fue así que los monarcas de distintos reinos de la Península, Castilla y León, Aragón y Navarra concretamente, pusieron muchas facilidades para la peregrinación con la construcción de nuevos puentes, la reparación y rehabilitación de caminos y la construcción de hospitales en puntos estratégicos del Camino.

 

EL auténtico Camino de Santiago

El Camino en la Edad Media – Ilustración de Chema Fernández Román

El Camino de Santiago tiene su origen en el culto o la veneración a los restos del Santo Apóstol pero además, se trataba, en origen, de una ruta de comercio en la que intervenían economías intenacionales. Es preciso tener en cuenta que la peregrinación a Compostela fue instaurada también como penitencia religiosa (e incluso penal, por código civil). Es decir, el auténtico Camino de Santiago, el de la cristiandad, era aquel que se caminaba con devoción hacia el Santo, aquel que se practicaba por obligación como penitencia, o aquel que se caminaba como medio para practicar el comercio.

Es importantísimo destacar lo importante que fue el Camino desde el punto de vista económico: el tránsito constante de peregrinos animó a comerciantes y artesanos a instalarse en diferentes espacios del Camino. Con esto, nacen los burgos y se inicia la mercantilización de esta ruta, que ha ido avanzando hasta ocupar grandes márgenes del tránsito, fundamentalmente en el Camino francés.

Fundamentalismo en nombre del auténtico Camino de Santiago

La cuestión es: cuántas personas al año hacen el Camino con los motivos que dieron inicio a la peregrinación, ¿cuántas personas hacen el auténtico Camino de Santiago, con devoción absoluta, como penitencia o como sacrificado viajante que camina de una comunidad a otra, de un país a otro, para vender sus productos?

¿Creemos que ese ínfimo porcentaje de peregrinos tienen la verdad sobre lo que el Camino es hoy?

¿Por qué muchos peregrinos se creen con autoridad para imponer su critero sobre cómo ha de ser vivido el Camino, en nombre de la autenticidad?

La sociedad se transforma con el paso del tiempo y, al igual que la naturaleza, adopta nuevas formas. Es por eso que nosotros siempre defendemos que el Camino, moribundo en su sentido primigeneo, es parte del legado natural y cultural de nuestra Historia, y que por esa misma razón, cada cual, como heredero natural, puede disfrutarlo como más le apetezca, porque el Camino ya no es una ruta de comercio entre reinos, ya no es penitencia, ya no es una ruta para venerar al Apóstol, no es deporte, no es un plan para encontrarse a sí mismo, no es un reto ni un sacrificio, hoy en día el Camino es lo que cada cual quiere que sea para sí. ¿No podemos respetar eso?

Solo decimos ¡no al fundamentalismo del Camino!

Y pedimos por favor que si haces el Camino lo mimes, lo cuides y lo defiendas si ves atropellos en su perjuicio, porque si tú has tenido la suerte de disfrutarlo otros vendrán que querrán hacerlo también.

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