Historia del Camino Primitivo
El Camino Primitivo fue testigo de la primera peregrinación a Santiago de Compostela en el siglo X. Como el resto de las rutas jacobeas, el origen del Camino Primitivo se remonta al descubrimiento, en Santiago de Compostela, de los restos del apóstol Santiago el Mayor, en el año 813.
El apóstol Santiago había sido asesinado en el año 42, en las tierras de Jerusalén por mandato del rey Herodes Agripa I. Sin embargo, el descubrimiento se realizó en un olvidado pabellón romano, situado en un bosque del occidente gallego.
Cuenta la historia que el Apóstol fue sepultado en ese lugar por sus discípulos, a fin de esconder el cadáver de Doña Lupe, la reina de esas tierras, en la época.
El hallazgo se atribuye al obispo Teodomiro, miembro de la diócesis de Iria Flavia, quien informa a Alfonso II de Asturias, apodado el Casto, del descubrimiento. Entre los años 820 y 830 éste confirma que los restos óseos encontrados pertenecen a Santiago el Mayor.
Sobre las evidencias o razones que lo llevaron a hacer tal constatación, nada se sabe. No obstante, fue un paso imprescindible para la construcción de la historia de Santiago de Compostela. Solo el rey asturiano Alfonso II, dada su superior autoridad, derivada de Dios, podía hacer efectivo el descubrimiento.
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Nace así la leyenda de que el apóstol había sido enterrado en ese lugar y el emplazamiento de la tumba pasó a llamarse Campus Stelae (Compostela). El monarca no tarda en querer ver con sus propios ojos los recién descubiertos restos de la tumba del apóstol.
Origen del Camino de Santiago Primitivo
Tal y como hemos dicho antes, la costumbre de realizar la peregrinación que hoy en día es el Camino de Santiago Primitivo empezó en la Edad Media, más concretamente, con el rey Alfonso II.
Este rey es llamado también «el primer peregrino» por haber sido quien inauguró la costumbre de peregrinar a Santiago. El ermitaño Paio vio una serie de señales en el cielo que le dijeron dónde estaba el sepulcro del apóstol. Fue entonces que Alfonso II ordenó construir una iglesia.
Fue él quien rescató los huesos del apóstol Santiago y quien posteriormente empezó la costumbre de ir a visitarlos en símbolo de respeto o simplemente para pedir alguna ayuda. Fueron muchos los fieles que vinieron después y que decidieron hacer este Camino Primitivo de Santiago para poder cumplir alguna promesa o, igual que los propios reyes, pedirle algo.
Lo cierto es que el originario Camino poco a poco fue desplazándose hacia el sur conforme avanzaba la Reconquista. Es normal, teniendo en cuenta que todas las rutas del Camino de Santiago no solo tienen un propósito religioso sino también comercial: era necesario abrir nuevas rutas más fáciles de transitar una vez que se iba ganando territorio.
Posteriormente, el Camino se bifurcó y se hizo el actual Camino Francés, mucho más transitable, aunque no tan bien dotado de entornos paisajísticos.
Una de las etapas más destacadas que encontramos en este tramo, es el Camino de Santiago desde Sarria, una ruta de 100 km para lograr las Compostelana.
El primer peregrino del Camino Primitivo
En el año 834, Alfonso II se puso en marcha, iniciando la ruta desde Oviedo. Atravesó las montañas que separan Asturias de Galicia, al norte de Os Ancares, pasando las murallas de Lugo.
Continuó avanzando hacia el oeste, pasando por el lugar donde, según cuenta la leyenda, unas señales celestes indicaron el lugar donde se hallaba el sepulcro del apóstol. Algunos estudiosos de la época señalan que, dado que el cuerpo del Apóstol fue descubierto en un cementerio, estas celestiales luces no fueron más que los fuegos fatuos, propios de este tipo de emplazamientos.
Una vez en Santiago de Compostela, el rey Alfonso II como mayor prueba de su interés en el santuario, emprende una serie de acciones que darán origen a la actual Catedral de Santiago.
En primer lugar, realiza un donación de tres millas de tierra situadas alrededor de la tumba del apóstol, que sería conocida como el señorío de Santiago y en la que habitarían los primeros religiosos del lugar.
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Esta donación la completa con la orden de construir una iglesia en el lugar del hallazgo, precursora de la actual catedral, que fue conocida como el locus sancti lacobi (lugar santo de Santiago), y de la que apenas se conservan restos.
En paralelo, solicita la creación de una comunidad monástica que custodiase los restos del santo, que dio origen a San Salvador de Antealtares, primer cenobio compostelano y actual convento de San Paio.
Al monarca también se le atribuye la creación de la leyenda de Santiago Matamoros. Según cuentan, en un momento histórico en el que los musulmanes tenían ocupada una gran parte de la actual España, la parte cristiana de la antigua Hispania romana había quedado confinada en el norte peninsular.
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El monarca aprovechó el descubrimiento de los restos para convertir al Apóstol en un emblema contra la lucha del islam, creando la figura de Santiago Matamoros. Se dice que con ello, el monarca pretendía rearmar ideológica y moralmente a su reino que se tambaleaba ante el aplastante avance musulmán.
La aparición de variantes al Camino Primitivo
Con este periplo, el monarca asturiano crea el trazado de lo que es el primer Camino de Santiago, el Camino Primitivo. Muchos de sus súbditos seguirán posteriormente los pasos de su rey. Algunos de ellos, en una búsqueda de una senda menos dura y más alejada de las contiendas con los musulmanes, abrirán la ruta conocida, en la actualidad, como Camino del Norte.
A finales del siglo X, con el avance de la Reconquista de tierras musulmanas, el centro de poder se desplaza al sur, a León. A inicios del siglo XI, los monarcas Sancho III el Mayor y Sancho Ramírez de Navarra, junto a Alfonso VI en las tierras de Castilla y León, comienzan a potenciar el Camino Francés.
Una ruta mucho menos dura que el Camino Primitivo, transitado por Alfonso II de Asturias, el Camino Francés se afianzó así como una ruta segura y amigable para los peregrinos que llegaban desde toda Europa, convirtiéndose en la principal ruta durante toda la Edad Media.
De este modo, el Camino Primitivo quedó relegado a un segundo lugar. No obstante, el peso del monarca fue tal en la construcción de la tradición jacobea, que durante la Edad Media, el paso por la Catedral de Oviedo se convirtió en una visita de carácter obligatorio.
La Catedral de Oviedo estaba dedicada al Salvador. Por tanto, según un cántico popular de origen peregrino: “quien visita Santiago y no el Salvador, sirve al criado e ignora al señor”.
Por este motivo, aún en la actualidad muchas de las rutas del Camino de Santiago, como el Camino del Norte o el Camino Francés que utiliza el llamado Camino Real, tienen una variante que pasa por la capital asturiana.
Declive y renacer del Camino Primitivo
A partir del siglo XV, el Camino Primitivo cayó en el olvido. Como en toda la ruta jacobea, el Cisma de 1378, las guerras y enfermedades afectaron al número de feligreses que peregrinaban. En el Camino Primitivo este impacto fue aún mayor dada la dureza de su recorrido y la consolidación de rutas mucho más accesibles.
El año jacobeo de 1993, junto a la declaración del Camino Francés como como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y de Primer Itinerario Europeo de Interés Cultural por el Consejo de Europa, provocan un importante resurgimiento de todas las rutas jacobeas. No obstante, el Camino Primitivo se sumó bastante tarde a este renacer.
En el 2010, que también fue año jacobeo, menos del 3% de los peregrinos escogieron esta ruta. Y no es hasta el año 2012 que el Camino Primitivo establece una delimitación del recorrido para proteger la ruta, variando en algunos tramos del histórico.